Las dos emparedadas
Las dos emparedadas —A las doce.
Benavides miró su muestra.
—Las once —dijo— dentro de una hora esa carta estará en mi poder.
—En tal caso te esperaré.
Benavides salió y Valenzuela quedó pensativo.
Pasaron tres horas, durante las cuales don Fernando consultó con grandes muestras de impaciencia su reloj.
Por fin llamaron a la puerta y Benavides se presentó.
—Creà que no volvÃas esta noche —dijo Valenzuela.
—Contra todos mis deseos, he tardado.
—¿Y la carta?
—Debo traerla en medio de estos papeles que me entregó Isabel; aún no he tenido tiempo de leerlos, pero debe estar aquÃ.
—Veamos.
Don Antonio se acercó a una mesa, y colocó sobre ella un paquetito de papeles.
Don Fernando acercó una bujÃa, y cada uno por su lado comenzó a tomar cartas de aquéllas y a leerlas apresuradamente.
—Billetes de amor sin firma —dijo Valenzuela.
—Lo mismo que estos —contestó Benavides, y siguieron leyendo otros.