Las dos emparedadas
Las dos emparedadas El marqués de ValparaÃso no era menos celoso en la comisión.
A pesar de todo, comenzaban ya a perder la esperanza cuando una tarde presentóse ante don Antonio de Toledo un hombre que querÃa hablarle en secreto.
Encerróse con él don Antonio en un aposento, y el hombre dijo:
—Si vuestra merced me promete darme o conseguirme una buena remuneración por el servicio, ofrezco a vuestra merced descubrirle el lugar en que está oculto don Fernando de Valenzuela.
—¿Y qué recompensa quiere el buen hombre?
—Un destino, señor.
—Respondo de conseguÃrselo.
—No más que deseara no fuese en España sino en las Indias.
—¿Y por qué?
—Porque tarde o temprano llegarÃa a descubrirse este secreto y mi vida correrÃa peligro con los amigos de Valenzuela o de la reina nuestra señora.
—El prÃncipe don Juan os protegerá.
—Quizá él mismo no alcance a protegerse.
—¿Qué decÃs?
—Nada que importe, pero quisiera el destino en Indias.
—Respondo de él.