Las dos emparedadas
Las dos emparedadas Los soldados pretendieron apoderarse de aquella mujer porque sus palabras habían sido escuchadas por todos, pero fue imposible: entre el gran concurso que se había reunido para ver embarcarse a Valenzuela, la mujer pudo huir sin dificultad.
El viento sopló favorable, las naves que partían para Veracruz tendieron sus velas, y Valenzuela dijo el último adiós a su patria.
Un año después se celebraban las exequias del príncipe don Juan de Austria que había muerto repentinamente.
FIN DEL LIBRO SEGUNDO