Las dos emparedadas

Las dos emparedadas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

III

En el que vuelven a aparecer el marqués de Río Florido y su hija doña Inés de Medina

La gran acequia que conduce de las aguas de la laguna de Chalco a la de Texcoco, pasaba a las espaldas de la casa que ocupaba en México el marqués de Río Florido.

Aquella casa era un inmenso edificio, pero casi deshabitado.

El marqués se había vuelto avaro de manera que tenía muy poca servidumbre, comparativamente con la que sostenían los hombres ricos en aquellos tiempos.

Una sola carroza quedaba para que saliera en ella doña Inés, y en el patio de la casa no se veían ni lacayos, ni palafreneros, ni nada que indicara las grandes riquezas del propietario.

Un tronco de mulas para tirar la carroza y dos o tres criados: éste era todo el aparato.

En cuanto a las habitaciones superiores, que eran las que ocupaban el marqués y su hija, recuerdos no más de un lujo pasado.

La estancia del marqués separada enteramente de la de su hija.

Grandes y fuertes rejas de hierro por todas partes, hasta el extremo de la escalera que desembocaba al corredor.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker