Las dos emparedadas
Las dos emparedadas El astrólogo pintó algo en un pergamino que estaba extendido sobre una mesa.
—¿Cuántos años contáis?
—Treinta.
—¿Tenéis partido en la corte en las bandas que la dividen?
Don José vaciló.
—Aún es tiempo —dijo el astrólogo— si teméis todo se dará por terminado.
—No temo —dijo don José— tengo partido; pertenezco al bando del prÃncipe mi señor, don Juan de Austria.
—Bien mostradme vuestras manos, por las palmas.
El astrólogo examinó las manos de don José; luego escribió, trazó lÃneas rectas y cÃrculos, signos cabalÃsticos, siempre pronunciando a media voz palabras extrañas.
—Joven —exclamó el astrólogo conmovido—, ¿tendréis valor para escuchar vuestra sentencia?
—Excusad preguntas inoportunas y hablad —dijo don José emocionado a pesar suyo.
—Los astros —continuó el viejo— nada dicen favorable a vuestro porvenir.
—¿Moriré pronto?
—SÃ.
—¿Y cómo?
—En el garrote.