Las dos emparedadas

Las dos emparedadas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En aquel momento su dormida ambición y sus sueños de poder volvieron a presentarse ante sus ojos, y don Guillén le pareció el primer instrumento de aquella nueva obra.

Tan pronto concibió la dama esta idea, como empezó a poner en ejecución aquel proyecto aún no desarrollado.

—Guillén —dijo con dulzura— tú me engañas en este momento.

—¿Por qué, bien mío?

—Porque tú estás mezclado en esa conspiración, tú estás en un peligro, en un peligro muy grande, y yo no quiero que te vaya a suceder algo: ¿qué sería de mí?

Y doña Inés comenzó a llorar amargamente.

Aquella escena de falso amor, entre dos seres tan corrompidos, era una cosa que indignaba; cada uno de ellos desde aquel momento no pensaba ya sino en hacer del otro un instrumento y cada uno se creía engañador siendo engañado.

—Cálmate, bien mío —decía don Guillén acariciando a doña Inés— cálmate; yo te juro que ningún peligro me amenaza.

—Eso lo dices por consolarme ¿cómo podría vivir tranquila?

—Te aseguro que no te digo más que la verdad.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker