Las dos emparedadas
Las dos emparedadas Al llegar a la casa observó que un hombre estaba parado en la puerta, puso la mano en la empuñadura de un estoque y avanzó resueltamente preguntando:
—¿Quién va?
—¿Don Lope? —preguntó el que esperaba.
—El mismo —dijo don Lope— ¿y vos?
—Don Gonzalo de Casaus.
Don Lope se acercó, al principio con desconfianza, pero reconoció a su amigo y le tendió la mano.
—Gran novedad me trae —dijo don Gonzalo.
—¿Qué hay?
—Uno de nuestros amigos acaba de decirme que el oidor don Frutos ha contado a sus compañeros que una dama le ha participado que sabe ya dónde están los papeles que venÃan en las cajas del marqués de San Vicente, y que esa dama ha ofrecido entregarlos muy pronto a la Audiencia: ¿podéis imaginar quién será esa dama y si será posible que entregue esos papeles?
—¡Oh sÃ! —exclamó don Lope relacionando esta noticia con sus sospechas— ya me figuro quién es esa dama y quién es el que nos ha vendido.
—¿Quién?
—No me preguntéis, yo me encargaré de todo: adiós.
Y don Lope sin esperar respuesta ni decir más a don Gonzalo, volvió a tomar la dirección de palacio.
Don Gonzalo le vio alejarse y dijo para sÃ: