Las dos emparedadas

Las dos emparedadas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Fray Ángelo siguió su camino, y los clérigos volvieron a reanudar su conversación; pero ya no reinaba entre ellos la misma alegría; el recuerdo de un hombre que llegaba en aquellos momentos al borde del sepulcro, había turbado su sencillo gusto.

La idea de la muerte es más sombría en medio de una fiesta, porque es como la voz misteriosa de la Divinidad, que nos recuerda lo efímero de la vida que nos repite a cada paso las terribles palabras del Eclesiastés:

Vanidad de vanidades, vanidad de vanidades, y todo vanidad.

La tarde de aquel día se pasó en fiestas y en paseos; puesto el sol, tendió la noche sus crespones de duelo, y brillaron sus estrellas en el firmamento y las luces en la ciudad.

Por todas las calles había farolillos y luminarias, y por todas partes se veían grandes grupos de gentes, que cantando y riendo se dirigían a la plaza mayor con objeto de ver los fuegos.

Una inmensa muchedumbre estaba ya reunida allí esperando el momento en que debían prenderse los castillos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker