Las dos emparedadas
Las dos emparedadas De lo que doña Inés y don Guillén hablaron y determinaron respecto a Luis, y de lo que aconteció después
—Inés —dijo don Guillén— ¿qué tienes? Te encuentro triste, preocupada.
—Guillén, me acontece una cosa extraordinaria.
—DÃmela, mi bien.
—¡Oh! ¡Es una cosa verdaderamente horrible, horrible!
—¿Qué hay pues? Habla, dime, me haces estremecer.
—Guillén: Luis ha tenido el atrevimiento de proponerme que te despida, que corte relaciones contigo y que me case con él.
—¡Luis! ¿Quién es Luis, amor mÃo? No le conozco.
—Luis es el criado de confianza que emparedó a esa mujer.
—¡Un criado! ¡Un lacayo! ¿Un miserable ha tenido osadÃa para decirte semejante cosa? ¿Y tú lo has tolerado con paciencia? Ese hombre está loco, loco de atar.
—¡Ay Guillén! Lo mismo pensé yo y se lo dije al principio; pero ha tenido el atrevimiento de amenazarme…