Las dos emparedadas

Las dos emparedadas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Sí señor; súpelo en la misma noche o a la siguiente, no lo recuerdo bien; pero juzgué que no sabiendo a dónde ella ocultaba esos papeles, era necesario que ella misma lo declarase.

—Muy bien pensado.

—Pero ella no podía declarar, estando en la casa, y era necesario, ante todo, sacarla de allí, y luego obligarla a confesar lo que sabía; ¿es verdad?

—Sí señora, veo que vuestra merced comprendió lo que había que hacer.

—Por tanto, determiné sacar a esa mujer valiéndome del único arbitrio que tenía: ¡robarla! Conozco que esto no era bueno; pero en fin, se trataba del servicio de Su Majestad, y el servicio de Su Majestad, es antes que todo.

—Ciertamente.

—Si se hubiera tratado de un asunto que me interesara a mí nada más, quizá nunca me hubiera atrevido a dar este paso; pero por el rey no vacilé y robé a doña Laura.

—¡Ésa es mucha lealtad!…

—Llevéla a mi casa, y allí tuve necesidad de pensar en una medida de rigor, que sin causar la muerte de esa mujer, la obligara por la fuerza a declarar lo que sabía, y a decir en dónde tenía los papeles.

—¿Y entonces?…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker