Las dos emparedadas
Las dos emparedadas De lo que pasaba en México el martes 11 de julio de 1684
Un año casi había trascurrido desde los acontecimientos que hemos referido en el capítulo anterior.
En el palacio del virrey tenía lugar una fúnebre ceremonia.
El arzobispo y todas las comunidades religiosas ocurrían a dar el pésame al virrey, por la muerte del señor don fray Payo Enríquez de Rivera, arzobispo y virrey que fue de México.
El virrey recibía el pésame y contestaba los discursos que con este motivo se le dirigían.
Terminada la ceremonia, el secretario del virrey se acercó y le dijo en voz baja:
—Señor, me envía a llamar don Antonio de Benavides.
—¿Y qué quiere? —preguntó el virrey.
—Dice que tiene necesidad de hablarme, deseo saber si V. E. no tiene que disponer…
—No, vaya vuestra merced en buena hora.
El secretario se separó del virrey y se dirigió a la cárcel de la Audiencia.
Don Antonio de Benavides, sentenciado a la horca, había sido encapillado desde el día anterior, es decir desde el lunes 10 de julio.
El secretario del virrey se dirigió pues a la capilla.