Las dos emparedadas

Las dos emparedadas

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Pero aquello era con la buena y humanitaria intención de moralizar al pueblo, escarmentándole y acostumbrándole a presenciar la agonía de un hombre en la horca o en el garrote.

Y las damas nobles y las señoras aristócratas asistían a tan repugnante espectáculo, y éste era el objeto de las conversaciones en las casas más aristócratas, y cada uno se complacía en explicar la escena, teniendo orgullo en recordar los menores movimientos y los más insignificantes gestos de la víctima.

Con razón hay quien crea que la moral, la virtud y la caridad han perdido mucho con la moderada civilización.

Hoy los padres honrados son tan ignorantes, que piensan que es mejor lección para un joven un buen drama, que el espectáculo de un hombre a quien van a decapitar por sus crímenes.

Esta moderna generación tiene la locura de querer abolir la pena de muerte, y esto es prostituir el clasicismo de las doctrinas del tiempo del maestro Antonio Gómez y Carleval.

Don Antonio de Benavides salió de la prisión montado en un asno aparejado; se añadía la burla a la crueldad, y se pretendía que el vulgo riera del hombre que iba a expirar.


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