Las dos emparedadas

Las dos emparedadas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Hasta el cielo, padre mío! —contestó el Tapado con verdadera fe; y entregándose en manos de los verdugos, comenzó a subir con paso firme la escalera de la horca.

Desde ese instante, separado ya de fray Ángelo, se encontró enteramente solo, y aunque aquello no debía durar ni un minuto, aquel vacío le pareció horrible.

Don Antonio llegó hasta el fin de la escalera, a donde había una pequeña plataforma, y allí se irguió, alzó su rostro al cielo como si pudiera mirar al través de la venda que cubría sus ojos, y exclamó:

—¡Dios mío! Recíbeme en tu seno.

Entre tanto el verdugo pasó por el cuello de don Antonio el nudo corredizo y se retiró; bajó repentinamente la plataforma de la escalera y el Tapado quedó suspendido del dogal.

Aquel cuerpo se estremeció por un instante convulsivamente, y después… nada. Don Antonio de Benavides había expirado.

Al pie de la horca fray Ángelo oraba postrado en tierra.

La multitud guardaba un pavoroso silencio.

Así pasaron dos horas, y sin embargo, ninguno de los asistentes se retiraba, y todo el mundo permanecía estacionado en la plaza.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker