Las dos emparedadas
Las dos emparedadas —Os engañáis, señora; si la Audiencia torció el camino de la justicia, aún le quedan vengadores a doña Laura.
—Es que yo soy inocente, y las pruebas de mi inocencia están en esos autos que podéis ver cuando os parezca mejor.
—Esos autos, señora, que no conozco, deben ser por fuerza un tejido infame de mentiras, supuesto que han dado vuestra inocencia por resultado.
—Ante un juez se prueba el crimen y se descubre la verdad.
—Ante un juez, señora, se cubre mejor el delito y se calumnia con más facilidad a la inocencia.
—Quizá os convencerÃais de lo contrario…
—Puede ser, señora; pero en este negocio tengo una seguridad completa; y sobre todo, perdemos el tiempo… tened la bondad de seguirnos.
—¿A dónde?
—Puesto que estáis segura de vuestra inocencia…
—Pero vos creéis lo contrario.
—Tal vez logréis convencerme.