Las mujeres que aman demasiado
Las mujeres que aman demasiado La mujer que ama demasiado se convierte en la “terapeuta” de su pareja: analiza sus traumas, le encuentra razones a sus desplantes, intenta aliviar sus cargas. Mientras tanto, deja de verse a sí misma. Su energía está puesta en arreglar al otro, no en observar su propia soledad, su vacío, su desgaste.
Vivir esperando que otro cambie es una forma de evitar el presente. Y, en esa espera, se pospone la felicidad, la paz, la libertad. El amor no es un proyecto de reforma. Cuando alguien ama de verdad, no necesita ser rescatado. Necesita ser recibido tal como es. Amar demasiado es, muchas veces, negarse a aceptar que ese hombre no va a cambiar. Y que quien realmente necesita cambiar, sanar y liberarse, es ella.
El sexo, en las relaciones marcadas por el amar demasiado, se convierte en una herramienta de conexión, poder y control emocional. No es solo una expresión de deseo o intimidad, sino un medio por el cual se busca asegurar la atención, la permanencia y el afecto del otro. Cuando todo lo demás en la relación falla —el respeto, la comunicación, el compromiso—, el sexo permanece como el último vínculo que une a dos personas que, fuera de la cama, apenas pueden encontrarse.
