Instrucciones para salvar el mundo
Instrucciones para salvar el mundo Cerebro lo sabe. Sus sospechas ya no son solo intuición: los patrones son evidentes. Un psicópata acecha a las prostitutas de la ciudad. Ella construye teorías, esquemas, líneas de conexión. No lo hace por heroísmo, sino porque necesita entender. Porque si hay lógica, hay control. Y si hay control, aún puede salvar algo.
Mientras tanto, Soraya comienza a bajar la guardia con Matías. Él la recoge del trabajo, le lleva café, la escucha sin intentar salvarla. A su manera, ella también lo cuida.
—¿Por qué no me tocas? —le pregunta un día, después de subir al taxi sin clientes.
Matías baja la vista.
—Porque no quiero confundirme —dice.
Ella sonríe. No es burla. Es una especie de gratitud muda. Por primera vez, alguien la trata como algo más que un cuerpo.
Daniel, por su parte, pierde el control. En el hospital, una paciente muere. No por error médico, sino por desgaste, por esa muerte lenta y anónima que ocurre entre turnos. Pero algo en Daniel se rompe. Entra al cuarto de descanso, lanza el café al suelo, grita.
—¡No somos dioses! ¡No somos máquinas!