Instrucciones para salvar el mundo
Instrucciones para salvar el mundo Cerebro, cada vez más desesperada, afina sus hipótesis. Está convencida: el asesino tiene un patrón conductual. Sabe que es alguien que odia, pero también que necesita ser visto. Alguien inteligente. Metódico. Invisible. Como tantos monstruos cotidianos.
Soraya empieza a sentir el peligro en la nuca. Una noche, un cliente la golpea. No el asesino, no aún. Pero el miedo se instala. Cuando MatÃas la encuentra, la lleva a su casa. No se tocan. Solo se miran, se cuidan. Ella se queda unos dÃas, duerme con los perros. Y por primera vez en años, se siente a salvo.
—Estás muy callado, taxista —le dice una noche. —No sé cómo hablar de lo que duele —responde él.
Daniel, por otro lado, entra en su propia espiral. Tiene sexo con otra prostituta, pero vomita después. Se odia por su fragilidad, por no poder romper el muro. Entonces, una noche, se arma de valor y le lee un poema a Soraya. No espera respuesta. Solo quiere que alguien lo escuche sin juzgarlo.
Ella lo escucha. Y llora. No por él. Por todo.
—Tú y MatÃas son distintos. Me tratan como si yo fuera de verdad —dice.
Los vÃnculos se tensan. Ya no son simples encuentros. Ahora hay emociones reales. Confianza. Miedo. Y una oscuridad creciente que los rodea.