Contrato social
Contrato social Esta máxima era excelente; pero fue llevada tan lejos, que resultó, al fin, un cambio y ciertamente un abuso en la vida pública.
En primer lugar, los censores, después de haberse arrogado mucho tiempo el derecho de transferir arbitrariamente a los ciudadanos de una tribu a otra, permitieron a la mayor parte hacerse inscribir en la que quisiesen; permiso que seguramente no convenÃa para nada y suprimÃa uno de los grandes resortes de la censura. Además, los grandes y los poderosos se hacÃan inscribir en las tribus del campo, y los libertos convertidos en ciudadanos quedaron con el populacho en la ciudad; las tribus, en general, llegaron a no tener territorio: todas se encontraron mezcladas de tal modo que ya no se podÃa discernir quiénes eran los miembros de cada una sino por los Registros; de suerte que la idea de la palabra tribu pasó asà de lo real a lo personal, o más bien se convirtió casi en una quimera.
Ocurrió, además, que estando más al alcance de todos las tribus de la ciudad, llegaron con frecuencia a ser las más fuertes en los comicios y vendieron el Estado a los que compraban los sufragios de la canalla que las componÃan.