Contrato social
Contrato social Queda, pues, la religión del Hombre, o el cristianismo, no el de hoy, sino el del Evangelio, que es completamente diferente. Por esta religión santa, sublime, verdadera, los hombres, hijos del mismo dios, se reconocen todos hermanos, y la sociedad que los une no se disuelve ni siquiera con la muerte.
Mas no teniendo esta religión ninguna relación con el cuerpo polÃtico, deja que las leyes saquen la fuerza de sà mismas, sin añadirle ninguna otra, y de aquà que uno de los grandes lazos de la sociedad particular quede sin efecto. Más aún; lejos de unir los corazones de los ciudadanos al Estado, los separa de él como de todas las cosas de la tierra. No conozco nada más contrario al espÃritu social.
Se nos dice que un pueblo de verdaderos cristianos formarÃa la más perfecta sociedad que se puede imaginar. No veo en esta suposición más que una dificultad: que una sociedad de verdaderos cristianos no serÃa una sociedad de hombres.
Digo más: que esta supuesta sociedad no serÃa, con toda esta perfección, ni la más fuerte ni la más durable; a fuerza de ser perfecta, carecerÃa de unión, y su vicio destructor radicarÃa en su perfección misma.