Ensayo sobre el origen de las lenguas
Ensayo sobre el origen de las lenguas Aplicad estas ideas a los primeros hombres y veréis la razón de su barbarie. Como nunca habían visto más que lo que estaba a su alrededor, ni siquiera eso conocían. Tenían la idea de un padre, de un hijo, de un hermano, pero no de un hombre. Su cabaña contenía a todos sus semejantes; un extranjero, una bestia, un monstruo eran para ellos lo mismo: fuera de ellos y de su familia, el universo entero era nada.
De ahí las contradicciones aparentes que se observan entre los padres de las naciones; tanta naturalidad y tanta inhumanidad; costumbres tan feroces y corazones tan tiernos; tanto amor por su familia y tanta aversión por su especie. Concentrados entre quienes estaban cerca, todos sus sentimientos tenían mayor energía. Todo lo que conocían les era querido. Enemigos del resto del mundo, que no veían y que ignoraban, detestaban todo lo que no podían conocer.
Estos tiempos de barbarie eran la edad de oro no porque los hombres estuvieran unidos sino porque estaban separados. Se dice que cada uno se creía el amo de todo; puede ser, pero nadie conocía ni deseaba más que lo que se encontraba bajo su mano; lejos de aproximarlo a sus semejantes, sus necesidades lo distanciaban. Los hombres, si se quiere, se atacaban al encontrarse, pero en aquel entonces raramente se encontraban. El estado de guerra reinaba por doquier, y toda la Tierra estaba en paz.