Ensayo sobre el origen de las lenguas
Ensayo sobre el origen de las lenguas En los festines de Homero se mata un buey para regalar a los huéspedes, igual que en nuestros días se mataría un lechón. Al leer que Abraham sirvió una ternera a tres personas, que Eumeo hizo rostizar dos cabritos para la cena de Ulises, y que otro tanto hizo Rebeca para la de su marido, se puede juzgar cuánta carne devoraban los terribles hombres de aquella edad. Para imaginar las comidas de los antiguos, sólo hay que ver las de los salvajes hoy día (por poco digo las de los ingleses).
El primer pastel que fue comido constituyó la comunión del género humano. Cuando los hombres comenzaron a establecerse, desbrozaron un poco de tierra en torno a su cabaña; más que un campo era un jardín. El poco grano cosechado se machacaba entre dos piedras; se hacían algunos pasteles que se cocían bajo la ceniza, o sobre una brasa, o sobre una piedra ardiente, y que sólo se comían en las grandes festividades. Esta antigua costumbre, consagrada por la Pascua entre los judíos, todavía se conserva hoy en Persia y en la India. Ahí solamente se comen panes sin levadura, y esos panes se cuecen en hojas delgadas y se consumen en cada comida. Solamente pensaron en fermentar el pan cuando tuvieron que hacer más, pues la fermentación se hace mal con pequeñas cantidades.