Ensayo sobre el origen de las lenguas
Ensayo sobre el origen de las lenguas Poco a poco las aguas habrían perdido la circulación que vivifica la tierra. Las montañas se degradan y disminuyen; crecen los ríos, el mar se colma y se dilata: todo tiende insensiblemente al nivel: la mano de los hombres retiene esa inclinación y retarda ese progreso: sin ellos sería más acelerado y la tierra quizás ya se encontraría bajo el manto de las aguas. Antes del trabajo humano, las fuentes, mal distribuidas, se extendían más desigualmente, fertilizaban menos la tierra, abrevaban más difícilmente a sus habitantes. A menudo los ríos eran inaccesibles, sus orillas eran escarpadas o pantanosas: como el arte humano no las retenía en sus lechos, las aguas salían de ahí con frecuencia, se derramaban a derecha e izquierda, cambiaban su orientación y su curso, se abrían en diversas ramas: tan pronto se les encontraba secas, tan pronto las arenas movedizas impedían el acceso; estaban ahí como si no existieran, y no era imposible morir de sed en medio de las aguas.