Ensayo sobre el origen de las lenguas
Ensayo sobre el origen de las lenguas Se presupone ya que los hombres más robustos deben tener órganos menos delicados, que sus voces deben ser más ásperas y más fuertes. Por lo demás, ¡qué diferencia entre las conmovedoras inflexiones que provienen de los movimientos del alma y los gritos que arrancan las necesidades fÃsicas! En aquellos horribles climas donde todo está muerto durante nueve meses del año, donde el sol sólo calienta el aire algunas semanas para enseñarles mejor a los habitantes de qué bienes están privados y prolongar asà su miseria, en esos lugares donde la tierra no da nada si no es a fuerza de trabajo, y donde la fuente de la vida parece estar más bien en los brazos que en el corazón, los hombres, atareados sin cesar buscando provisiones para su subsistencia, se preocupan apenas por lazos más dulces: todo se limitaba al impulso fÃsico; la oportunidad hacÃa la elección; la facilidad, la preferencia. La ociosidad que nutre las pasiones cedió el lugar al trabajo que la reprime: antes que preocuparse por vivir feliz, era preciso preocuparse por vivir. La necesidad natural unÃa a los hombres mucho mejor de lo que el sentimiento lo habrÃa hecho, la sociedad sólo se formó gracias a la industria: el peligro permanente de muerte no permitÃa limitarse a la lengua del gesto, y, entre ellos, la primera palabra no fue ámame sino ayúdame.