Ensayo sobre el origen de las lenguas
Ensayo sobre el origen de las lenguas Esos dos términos, si bien muy semejantes, se pronuncian con un tono diferente: no había nada que hacer sentir pero era necesario darlo a entender todo; luego, no se trataba de energía sino de claridad. El acento que el corazón no proporcionaba fue sustituido por articulaciones vigorosas y sensibles, y si hubo en la forma del lenguaje alguna impresión natural, esa impresión contribuyó todavía más a su dureza.
En efecto, los hombres septentrionales no carecen de pasiones, pero las tienen de otra especie. Los de los países cálidos tienen pasiones voluptuosas, relacionadas con el amor y la suavidad; la naturaleza hace tanto por los habitantes que éstos casi no tienen nada que hacer; si un asiático tiene mujeres y reposo, está contento. Pero en el Norte, cuyos hombres consumen mucho sobre un suelo ingrato, los hombres sometidos a tantas necesidades son fácilmente irritables; les inquieta todo lo que se hace a su alrededor; como sólo subsisten con grandes trabajos, cuanto más pobres son, menos aprecian lo que tienen; acercárseles es atentar contra su vida. De ahí les viene ese temperamento irascible tan dispuesto a trocarse en furor contra todo lo que los hiere: de ese modo, sus voces más naturales son las de la cólera y las de las amenazas, y esas voces van siempre acompañadas de articulaciones fuertes que las vuelven duras y ruidosas.