Ensayo sobre el origen de las lenguas
Ensayo sobre el origen de las lenguas En consecuencia, quien quiera filosofar sobre la fuerza de las sensaciones, que comience por separar de las impresiones puramente sensibles, las impresiones intelectuales y morales que recibimos por vía de los sentidos, pero de las que éstos sólo son causas ocasionales; que evite el error de dar a los objetos sensibles un poder que no tienen, o que proviene precisamente de las afecciones del alma que ellos nos representan. Los colores y los sonidos pueden mucho como representaciones y como signos; son capaces de poco como simples objetos de los sentidos. Algunas sucesiones de sonidos o de acordes me divertirán un momento quizás; pero, para seducirme y enternecerme, es preciso que esas sucesiones me ofrezcan algo que no sea ni sonido ni acorde, y que lleguen a conmoverme a mi pesar. Los cantos mismos que sólo son agradables y que no dicen nada, cansan también; pues no es tanto el oído quien lleva el placer al corazón como el corazón el que lo lleva al oído. Creo que desarrollando mejor estos razonamientos se habrían ahorrado numerosas tonterías sobre la música antigua. Pero en este siglo que se empeña en materializar todas las operaciones del alma y en despojar de toda moralidad a los sentimientos humanos, estaré equivocado si la nueva filosofía no se vuelve tan funesta para el gusto como para la virtud.