Ensayo sobre el origen de las lenguas

Ensayo sobre el origen de las lenguas

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Decís: igual que cada color está determinado por el ángulo de refracción del rayo que lo produce, cada sonido está determinado por el número de vibraciones del cuerpo sonoro en un tiempo dado. Ahora bien, como las relaciones de esos ángulos y de esos números son las mismas, la analogía es evidente. Sea y pase; pero esa analogía proviene de la razón y no de la sensación, y no es de eso de lo que se trata. En primer lugar, el ángulo de refracción es sensible y mensurable, pero no lo es el número de vibraciones. Sometidos a la acción del aire, los cuerpos sonoros cambian incesantemente de dimensiones y de sonidos. Los colores son perdurables, los sonidos se desvanecen, y nunca se tiene la certidumbre de que los que renacen sean los mismos que desaparecieron. Además, cada color es absoluto, independiente, mientras que cada sonido sólo es relativo para nosotros y sólo se distingue por comparación. Un sonido no tiene por sí mismo ningún rasgo absoluto que lo haga reconocible: es grave o agudo, fuerte o suave, en relación con otro; en sí mismo no es nada de eso. En el sistema armónico, un sonido cualquiera tampoco es nada naturalmente; no es ni tónico, ni dominante, ni armónico, ni fundamental, porque todas esas propiedades sólo son relaciones, y como todo el sistema puede variar del grave al agudo, cada sonido cambia de orden y de lugar dentro del sistema, conforme el sistema cambia de grado. Pero las propiedades de los colores no consisten en relaciones. El amarillo es amarillo, independientemente del rojo y del azul; en cualquier lugar es sensible y reconocible; y tan pronto como se haya fijado el ángulo de refracción de que proviene, se tendrá la seguridad de poder contar con el mismo amarillo para todos los tiempos.


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