La desigualdad entre los hombres
La desigualdad entre los hombres Solo, ocioso y cerca sieinpre del peligro, el hombre salvaje debe gustar de dormir y tener el sueño ligero como los animales, los cuales, como piensan poco, duermen, por así decir, todo el tiempo que no piensan. Siendo su propia conservación casi su único cuidado, las facultades que más debe ejercitar son las que tienen por principal objeto el ataque y la defensa, bien sea para dominar su presa, bien para guardarse de ser la presa de otro animal; y, por el contrario, aquellos órganos que sólo se perfeccionan por la pereza y la sensualidad deben permanecer en un estado rudimentario que excluya toda suerte de delicadeza. Hallándose divididos en este punto sus sentidos, el gusto y el tacto serán de una extrema rudeza; la vista, el olfato y el oído, de una extraordinaria agudeza. Tal es el estado animal en general, y también, según el testimonio de los viajeros, el de los pueblos salvajes. No es, por tanto, de extrañar que los hotentotes del Cabo de Buena Esperanza descubran a simple vista los barcos en alta mar desde tanta distancia como los holandeses con sus anteojos; ni que los salvajes de América descubrieran a los españoles olfateando sus huellas, como hubiesen podido hacer los mejores perros; ni que todas esas naciones bárbaras soporten sin molestia su desnudez, afinen su gusto a fuerza de pimienta y beban como agua los licores europeos.