Juliette o Las prosperidades del vicio
Juliette o Las prosperidades del vicio Nos pone en la cama, una junto a la otra; siguiendo sus consejos, nuestras manos se cruzan, nos acariciamos mutuamente. Su lengua se introduce primero dentro de la coño de Euphrosine, y con sus manos nos cosquillea el agujero del culo; de vez en cuando deja la coño de mi compañera para venir a succionar la mÃa, y recibiendo cada una de esta forma tres placeres a la vez, podéis imaginar hasta qué punto echábamos copiosamente. Al cabo de unos momentos, la bribona nos da la vuelta. Le presentábamos nuestras nalgas, nos meneaba por debajo acariciándonos el ano. Alababa nuestros culos, los estrujaba, y nos hacÃa morir de placer. Saliendo de allà como una bacante:
—Hacedme todo lo que yo os hago —decÃa—, meneadme las dos a la vez; estaré entre tus brazos, Juliette, besaré tu boca, nuestras lenguas se juntarán… se apretarán… se chuparán. Me hundirás este consolador en la matriz —prosigue mientras me da uno—; y tú, Euphrosine mÃa, tú te encargarás de mi culo, me lo menearás con este pequeño instrumento; infinitamente más estrecho que mi coño, es todo lo que le hace falta… Tú, putuela mÃa —continuó mientras me besaba— tú no abandonarás mi clÃtoris; este es la verdadera sede del placer en las mujeres: frótalo hasta que salte, soy dura… estoy agotada, necesito cosas fuertes; quiero destilar mi flujo con vosotras, quiero descargar veinte veces seguidas, si puedo.