Juliette o Las prosperidades del vicio
Juliette o Las prosperidades del vicio —Un momento —dice, toda encendida—, un momento, mis buenas amigas, pongamos un poco de orden en nuestros placeres, sólo se goza de ellos planeándolos.
Tras estas palabras, me estira las piernas separándolas, y, acostándose en la cama boca abajo, con su cabeza entre mis muslos, me besa el sexo mientras que, ofreciendo a mi compañera las nalgas más hermosas que puedan contemplarse, recibe de los dedos de esta bonita muchacha los mismos servicios que me presta su lengua. Euphrosine, conocedora de los gustos de la Delbène, alternaba sus escarceos con vigorosos golpes sobre el trasero, cuyo efecto me pareció seguro sobre el fÃsico de nuestra amable institutriz. Vivamente electrizada por el libertinaje, la puta devoraba el caudal que hacÃa brotar constantemente de mi pequeño coño. Algunas veces se paraba para mirarme… para observarme en el placer.
—¡Qué hermosa es! —exclamaba la zorra—. ¡Oh!, santo Dios, ¡qué interesante es! ¡Sacúdeme, Euphrosine, menéame, amor mÃo; quiero morir embriagada de su jugo! Cambiemos todo —exclamaba un momento después—; querida Euphrosine, debes querer lo mismo de mÃ; no pienso devolverte todos los placeres que tú me das… Esperad, mis pequeños ángeles, voy a masturbaros a ambas a la vez.