Los CrÃmenes del amor
Los CrÃmenes del amor Dos mujeres centraban entonces sus miradas, y en ellas se detuvo, determinado a escoger a la que le mostrara más franqueza y, sobre todo, desinterés.
Una de esas mujeres se llamaba baronesa Dolsé; era viuda desde hacÃa dos años de un viejo marido que la habÃa desposado a los dieciséis, y que sólo la habÃa conservado dieciocho meses, sin obtener de ella un heredero.
Dolsé tenÃa uno de esos rostros celestes con que el Albani[67] caracterizaba a sus ángeles. Era alta… muy delgada… con cierta indecisión e indolencia en el carácter… con esa especie de abandono en las maneras que casi siempre anuncia una mujer ardiente que, más ocupada de sentir que de aparentar, sólo parece ignorar que es hermosa para demostrarlo con mayor firmeza. Un carácter dulce, un alma tierna, un espÃritu algo novelesco acababan convirtiendo a esta mujer en la criatura más seductora que hubiera por entonces en ParÃs.