Los CrÃmenes del amor
Los CrÃmenes del amor Granwel quiere ser obedecido… Henriette, bastante valiente para resistir a esa crisis espantosa… Henriette, en quien el deseo de venganza despierta la energÃa, promete todo y contiene sus lágrimas.
—Miss —dice Granwel cuando está satisfecho—, creed en lo que voy a deciros: todos mis sentimientos de venganza están apagados, ya sólo pienso en reparar mis crÃmenes… Seguidme, miss, dejemos este lúgubre aparato, todo nos espera en el templo, los ministros del cielo y el pueblo están allà hace mucho, venid a recibir al punto mi mano… Dedicaréis esta noche a los primeros deberes de la esposa; mañana os devuelvo públicamente a Londres y os entrego a vuestra madre como mi mujer.
Henriette mira con ojos extraviados a Granwel; cree estar segura de no ser engañada esta vez, pero su corazón ulcerado ya no es susceptible de consuelo… Desgarrada por la desesperación…, devorada por el deseo de venganza, no puede escuchar otros sentimientos.