Los CrÃmenes del amor
Los CrÃmenes del amor —Ahà tenéis a vuestra hija —dice aquel valiente al señor y a la señora de Faxelange—, y aquà el dinero que os fue robado. Escuchadme ahora, señorita, y vais a ver por qué he dejado para este instante las aclaraciones que debo sobre cuanto os concierne. Apenas hubisteis partido cuando las sospechas que os habÃa participado al principio sólo para reteneros, vinieron a atormentarme con fuerza; no hay nada que no haya hecho para seguir la huella de vuestro raptor y para conocer a fondo su persona; he sido lo bastante afortunado para triunfar en todo y para no equivocarme en nada. No previne a vuestros padres sino cuando creà estar seguro de recobraros; no se me negó el mando de las tropas, que solicité para romper vuestras cadenas y librar al mismo tiempo a Francia del monstruo que os engañaba. Logré mi propósito; lo hice sin ningún interés, señorita; vuestras faltas y vuestras desgracias alzan eternas barreras entre nosotros… Tendréis al menos lástima de mÃ… lamentaréis mi pérdida; vuestro corazón se verá obligado al sentimiento que me negasteis, y quedaré vengado… Adiós, señorita, he cumplido con los vÃnculos de la sangre, con los del amor; sólo me queda separarme de vos eternamente. SÃ, señorita, parto, la guerra que se libra en Alemania me ofrece la gloria o la muerte; sólo habrÃa deseado los laureles si me hubiera sido permitido ofrecéroslos, pero ahora no buscaré más que la muerte.