Los CrÃmenes del amor
Los CrÃmenes del amor Tras estas palabras, Goé se retira; por más instancias que le hacen, escapa para no reaparecer jamás. Al cabo de seis meses se supo que, atacando un puesto a la desesperada, se habÃa hecho matar en HungrÃa al servicio de los turcos.
En cuanto a Mlle. de Faxelange, poco tiempo después de su regreso a ParÃs, trajo al mundo el desgraciado fruto de su himeneo, que sus padres entregaron, junto con una elevada pensión, a una casa de caridad. Tras el parto, solicitó con insistencia a su padre y a su madre tomar el velo en las Carmelitas; sus padres le pidieron como gracia no privar su vejez del consuelo de tenerla a su lado; ella cedió, pero, debilitándose su salud de dÃa en dÃa, consumida por sus penas, marchita por sus lágrimas y su dolor, aniquilada por sus remordimientos, murió de consunción al cabo de cuatro años; triste y desgraciado ejemplo de la avaricia de los padres y de la ambición de las hijas.
¡Ojalá que el relato de esta historia haga más justos a unos y a otras más prudentes! No lamentaremos entonces el esfuerzo que nos habremos tomado para transmitir a la posteridad un suceso que, por horrible que sea, podrÃa servir entonces al bien de los hombres.