Los CrÃmenes del amor
Los CrÃmenes del amor —La señorita que os ofrezco —le dijo aquel amigo— tiene dos cosas en contra; debo empezar por decÃroslas a fin de consolaros después con el relato de sus buenas cualidades. Es totalmente seguro que no tiene padre ni madre, pero se ignora absolutamente quiénes fueron y dónde los perdió; lo que se sabe —continuó el mediador— es que es prima de M. de Saint-Prat, hombre conocido, que lo confiesa, que la estima, y que os hará el elogio más imparcial y mejor merecido. No posee bienes de sus padres, pero tiene cuatro mil francos de pensión de M. de Saint-Prat, en cuya casa fue criada y donde pasó toda su juventud; he ahà el primer defecto; pasemos al segundo —dijo el amigo de M. de Courval—: un amorÃo a los dieciséis años, un hijo que ya no existe y a cuyo padre jamás ha vuelto a ver. Eso es todo lo malo; unas palabras ahora sobre lo bueno.