Los Crímenes del amor
Los Crímenes del amor »La señorita de Florville cuenta treinta y seis años, apenas aparenta veintiocho; es difícil tener una fisionomía más agradable y más interesante; sus rasgos son dulces y delicados, su piel es de la blancura del lirio y sus cabellos castaños llegan al suelo; su boca fresca, muy agradablemente adornada, es la imagen de la rosa en primavera. Es muy alta, pero muy bien proporcionada, hay tanta gracia en sus movimientos que no puede decirse nada contra la altura de su talla, que, sin eso, quizá le daría un aire algo duro; sus brazos, su cuello, sus piernas, todo está moldeado, y tiene uno de esos tipos de belleza que no envejecerá en mucho tiempo. Respecto a su conducta, quizá pueda desagradaros su extrema regularidad: no le gusta el mundo, vive muy retirada, es muy piadosa, muy asidua a los deberes del convento donde vive, y, si edifica a cuanto la rodea por sus cualidades religiosas, encanta a todo el que la ve por las gracias de su ingenio y por los atractivos de su carácter… Es, en una palabra, un ángel en este mundo, que el cielo reservaba a la felicidad de vuestra vejez.
El señor de Courval, encantado con semejante hallazgo, no se apresuró sino a rogar a su amigo que le presentara a la persona en cuestión.