Los Crímenes del amor
Los Crímenes del amor Novela sueca
Después de Italia, Inglaterra y Rusia, pocos países me parecían tan curiosos en Europa como Suecia[110]; pero si mi imaginación se enardecía con el deseo de ver las célebres comarcas de las que antaño salieron los Alarico, los Atila, los Teodorico[111], todos esos héroes, en fin, que, seguidos por una innumerable multitud de soldados, supieron apreciar el águila imperiosa cuyas alas aspiraban a cubrir el mundo y hacer temblar a los romanos en las puertas mismas de su capital; si, por otro lado, mi alma ardía en deseos de inflamarse en la patria de los Gustavo Vasa, de las Cristina y de los Carlos XII[112]… famosos los tres, aunque por motivos diferentes, pues uno[40] se ilustra con esa filosofía rara y preciosa en un soberano, con esa prudencia estimable que hace pisotear los sistemas religiosos cuando contrarían tanto la autoridad del gobierno a la que deben estar subordinados como la felicidad de los pueblos, único objeto de la legislación; la segunda, con esa grandeza de alma que hace preferir la soledad y las letras al vano esplendor del trono; y el tercero, con esas virtudes heroicas que le merecieron por siempre el sobrenombre de Alejandro; si me animaban todos estos motivos diferentes, digo, ¡con cuánto más ardor aún deseaba admirar a ese pueblo inteligente, virtuoso, sobrio y magnánimo, al que podemos llamar el modelo del Norte!