Los Crímenes del amor
Los Crímenes del amor Con esa intención salí de París el 20 de julio de 1774 y, después de haber cruzado Holanda, Westfalia y Dinamarca, llegué a Suecia a mediados del año siguiente.
Al cabo de una estancia de tres meses en Estocolmo, mi primer objeto de curiosidad se orientó hacia esas famosas minas cuyas descripciones tanto había leído, y en las que acaso imaginaba encontrar algunas aventuras semejantes a las que nos refiere el abate Prévost[113] en el primer volumen de sus anécdotas; lo conseguí, pero ¡qué diferencia!…
Así que en primer lugar me dirigí a Upsala, situada a orillas del río Fyris, que divide esa ciudad en dos. Capital de Suecia durante mucho tiempo, Upsala aún sigue siendo hoy su ciudad más importante después de Estocolmo. Tras haber vivido en ella tres semanas, me dirigí a Falhum, antigua cuna de los escitas, cuyas costumbres y cuya indumentaria conservan estos habitantes de la capital de la Dalecarlia. Al salir de Falhum, me dirigí a la mina de Taperg, una de las más considerables de Suecia.