Los Crímenes del amor
Los Crímenes del amor La señorita de Castelnau llega a Amboise; allí es recibida honorablemente, y, tras parar en casa de Sancerre, como habían convenido, se hace conducir al punto a casa del duque de Guise, le suplica que mantenga su palabra y que le proporcione inmediatamente ocasión de arrojarse a los pies de Catalina de Médicis para presentarle las súplicas de su padre.
Pero Juliette no pensaba que poseyese encantos que podían hacer olvidar muchos compromisos. Lo primero que M. de Guise olvidó, al verla, fue la promesa contenida en sus despachos al barón; seducido por tantas gracias, su corazón se abrió a las trampas del amor y, junto a Juliette, el duque sólo pensó en adorarla.