Los Crímenes del amor
Los Crímenes del amor O
EL CRIMINAL POR VIRTUD
Dorgeville, hijo de un rico negociante de La Rochelle, partió muy joven para América, encomendado a un tío cuyos negocios habían prosperado mucho; se lo mandaron antes de que hubiera cumplido los doce años; al lado de ese pariente se educó en la carrera que estaba destinado a seguir y en el ejercicio de todas las virtudes.
Los encantos corporales no habían favorecido demasiado al joven Dorgeville; nada tenía de desagradable, pero no poseía ninguno de esos dones físicos que valen a un individuo de nuestro sexo el título de hombre apuesto. Pero lo que perdía Dorgeville por ese lado, la naturaleza se lo devolvía por el otro. Buena inteligencia, cosa más valiosa a menudo que el genio, un alma sorprendentemente delicada, un carácter franco, leal y sincero; todas las cualidades que conforman, en una palabra, al hombre cabal y sensible, Dorgeville las poseía con profusión; y en el siglo en el que entonces se vivía, era mucho más de lo necesario para convertirse, casi con toda seguridad, en un ser desgraciado toda su vida.