Los CrÃmenes del amor
Los CrÃmenes del amor —¿Qué fuerza tendrán esos lazos —le hacÃan observar a veces— si el alma de aquella a la que habréis servido no es tan hermosa como la vuestra? El agradecimiento no es para todos los seres una cadena tan indisoluble como para vos; hay almas débiles que la desprecian, hay otras orgullosas que la rechazan; ¿no habéis aprendido a vuestra costa, Dorgeville, que haciendo favores es mucho más fácil pelearse que hacer amigos?
Estas razones eran capciosas; pero la desdicha de Dorgeville era juzgar siempre a los otros por su propio corazón; y este sistema que le habÃa hecho desgraciado hasta entonces, era justo suponer como verosÃmil que seguirÃa siendo asà el resto de sus dÃas.
Asà pensaba, fuera lo que fuese, el hombre honrado cuya historia contamos, cuando el destino le presentó de manera muy singular la criatura que él creyó destinada a compartir su fortuna y que imaginó hecha para el precioso don de su corazón.