Los Crímenes del amor
Los Crímenes del amor Ambos fueron colocados en el mismo ataúd, y depositados en la principal iglesia de Sancerre, donde los verdaderos amantes todavía van algunas veces a derramar lágrimas sobre su tumba y a leer conmovidos los siguientes versos, grabados sobre la tumba de mármol que los cubre, y que Luis XII se dignó escribir.
Pleurez amants, comme vous ils s’aimèrent,
Sans toutefois qu’hymen les réunit;
Par de beaux nœuds tous deux ils se lièrent,
Et la vengeance à jamais les rompit[120].
Sólo la condesa sobrevivió a estos crímenes, pero para llorarlos toda su vida; se entregó a la más profunda piedad y murió, diez años después, como religiosa en Auxerre, dejando a la comunidad edificada por su conversión, y verdaderamente conmovida ante la sinceridad de sus remordimientos.