Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro A la fría luz de la mañana, Stoner echó a reír tristemente mientras volvía a caer en cuenta de la situación en que se había metido. Tal vez podría hacerse a un bocado de desayuno en virtud de su parecido con el otro holgazán ausente y ponerse a salvo antes de que alguien descubriera el fraude que se había visto obligado a cometer. En el cuarto de abajo encontró al viejo encorvado, que ya tenía listo un plato de huevos con tocino para el desayuno del «amo Tom», al tiempo que una criada entrada en años y de rostro adusto traía una tetera y le servía una taza de té. Al sentarse a la mesa, un perrito de aguas se le arrimó con muestras de amistad.
—Es el cachorro de la vieja Bowker —explicó el anciano, a quien la criada adusta había llamado George—. ¡Con el cariño que le tenía a usted! No volvió a ser la misma después de que usted se fue para Australia. Murió hace como un año. Este es el cachorrito.
Stoner encontró difícil lamentar su fallecimiento; la perra habría dejado bastante que desear como testigo de identificación.
—¿Desea dar una vuelta a caballo, amo Tom? —Fue la asombrosa propuesta que emitió el viejo a continuación—. Tenemos una fina yegua roana, buena para montar. A la vieja Biddy ya le están pesando los años, aunque todavía anda bien; pero voy a hacer que ensillen a la roana y se la traigan a la puerta.