Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro —¡Qué provocación! —dijo la baronesa, mientras sus huéspedes se calentaban a la lumbre del hogar en una de las últimas tardes del año que morÃa—. En todo el tiempo que ha estado con nosotros no recuerdo que nunca haya estado gravemente enferma; quiero decir, demasiado enferma para cumplir con su trabajo. Y ahora que tengo la casa llena y podrÃa servirme de tantas maneras, corre a caer postrada. La compadezco, desde luego. Se ve mermada y decaÃda, pero de todas formas la cosa es sumamente molesta.
—Muy molesta —convino la mujer del banquero, llena de comprensión—. Es el frÃo intenso, me figuro. Acaba con los viejos. Y este año ha estado extraordinariamente frÃo.
—Las heladas de diciembre han sido las más fuertes en muchos años —dijo el barón.
—Y ella ya está muy vieja —dijo la baronesa—. Ojalá la hubiera despedido hace unas semanas; asà se habrÃa marchado antes de que le sucediera esto. ¡Eh, Wappi! ¿Qué te pasa?
El perrito faldero habÃa saltado de repente de su cojÃn y se habÃa metido, en un solo temblor, bajo el sofá. En ese mismo instante los perros del castillo rompieron a ladrar llenos de furia, y a lo lejos se oyeron los ladridos de otros perros.
—¿Qué será lo que inquieta a esos animales? —preguntó el barón.