Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro —Hoy vi a un joven en el bosque —le contó a Mortimer esa noche—, de piel tostada y bastante guapo, pero con facha de bribón. Un muchacho gitano, me imagino.
—Es una teorÃa razonable —dijo Mortimer—; sólo que ahora no hay gitanos por estos lados.
—Entonces, ¿quién era? —preguntó Sylvia.
Y como Mortimer no parecÃa tener una teorÃa propia, ella pasó a referirle el descubrimiento de la ofrenda votiva.
—Supongo que fue cosa tuya —observó ella—. Es una chifladura inofensiva, pero la gente va a pensar que eres un tonto de remate si se enterara.
—¿Y no metiste la mano en eso? —preguntó Mortimer.
—Yo… tiré las uvas lejos. Todo me pareció tan tonto —dijo Sylvia, mientras buscaba en la cara impasible de Mortimer algún signo de enfado.
—No creo que haya sido muy sensato de tu parte —dijo él, pensativo—. He oÃdo decir que los dioses silvanos son bastante terribles con quienes los enojan.
—Tal vez terribles con quienes creen en ellos; pero, ya ves, yo no —replicó Sylvia.
—A pesar de todo —dijo Mortimer, con ese tono suyo parejo y desapasionado—, yo en tu caso me mantendrÃa lejos de los bosques y huertos y no me arrimarÃa a los animales cornudos de la granja.