Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro —Todo café, con una lengua negra y ojos grises claros que soltaban destellos de una crueldad atroz. Lo primero que vio allà fue a Bertha. Su delantal era tan inmaculadamente blanco que se podÃa divisar desde muy lejos. Bertha vio al lobo y vio que se arrastraba hacia ella, y empezó a desear que jamás le hubieran permitido entrar a ese parque. Echó a correr tan rápido como pudo y el lobo la persiguió dando saltos enormes. Ella alcanzó a llegar a un matorral de mirtos y se escondió en uno de los arbustos más espesos. El lobo empezó a olfatear las ramas, con la lengua negra colgándole del hocico y los ojos grises relumbrando de furia. Bertha estaba asustadÃsima, y pensó para sÃ: «Si no hubiera sido tan extraordinariamente buena, en este momento estarÃa a salvo en el pueblo». Con todo, el olor de los mirtos era tan fuerte que el lobo no podÃa detectar dónde se escondÃa Bertha, y los arbustos eran tan tupidos que se habrÃa podido quedar rondándolos durante mucho tiempo sin descubrirla, asà que decidió más bien salir en busca de un cerdito. Bertha se puso a temblar mucho cuando sintió que el lobo olÃa y resollaba tan cerquita de ella; y al temblar hizo que la medalla de obediencia chocara con las de buena conducta y puntualidad. El lobo estaba a punto de marcharse cuando oyó el tintineo de las medallas, y aguzó las orejas. Volvieron a sonar en un arbusto junto a él. De un salto se metió al arbusto, con los ojos grises brillantes de crueldad y de victoria. Arrastró a Bertha afuera y se la devoró hasta el último bocado. Solo quedaron los zapatos, pedacitos de ropa y las tres medallas ganadas por ser buena.