Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro »Antes de que captara el correcto sentido de este comentario ya habÃamos ido al grano. Los perros acababan de levantar una zorra que andaba agazapada en unos matorrales.
—Ya lo sabÃa —dijo Clovis—. En todas las historias de cacerÃa de zorras siempre hay una zorra y unos matorrales.
—Constance y yo Ãbamos bien montadas —prosiguió con calma la baronesa—, asà que no nos costó nada arrancar adelante, aunque la carrera era bastante dura. Sin embargo, en el último trecho tal vez seguimos una lÃnea demasiado independiente, porque se nos perdió la pista de los perros y acabamos vagando a paso de tortuga por ahÃ, lejos de todas partes. La cosa era bastante exasperante y el genio se me iba agriando poco a poco, cuando, después de dar por fin con un amable seto que nos dejó pasar, nos alegramos de ver unos perros que corrÃan ladrando por la hondonada que habÃa justo abajo.
»—¡Allá van! —gritó Constance; y enseguida agregó, boquiabierta—: ¡En nombre de Dios! ¿A qué le están ladrando?
»No era una zorra cualquiera, de eso no habÃa duda. TenÃa el doble o más de altura, una cabeza chata y fea y un cuello enormemente grueso.
»—¡Es una hiena! —exclamé yo—; seguro se escapó del parque de lord Pabham.