Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro —En ese instante la bestia acorralada se volvió para enfrentarse con sus perseguidores; y los perros, que no pasaban de una docena, la rodearon en semicÃrculo y pusieron cara de estúpidos. Era evidente que se habÃan separado del resto para seguir aquel rastro anómalo, y no estaban muy seguros de cómo tratar la presa ahora que la tenÃan asediada.
»La hiena saludó nuestra llegada con claras efusiones de alivio y amistad. A lo mejor estaba acostumbrada a una bondad pareja por parte de los hombres, mientras que su primera experiencia con una jaurÃa le habÃa dejado un mal sabor. Los perros parecieron turbarse más que nunca cuando la presa hizo alarde de su instantánea amistad con nosotras, y aprovecharon el débil toque de un cuerno en la distancia a manera de excusa bienvenida para partir con discreción. Constance, la hiena y yo quedamos solas a la luz del crepúsculo.
»—¿Ahora qué vamos a hacer? —preguntó Constance.
»—¡Qué preguntona eres! —dije.
»—Bueno, no podemos quedarnos toda la noche aquà con una hiena —replicó.