Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro »—Ignoro qué entiendes tú por comodidad —le dije—, pero a mà no se me ocurrirÃa pasar aquà toda la noche, asà no hubiera hiena. El mÃo puede ser un hogar desdichado, pero al menos tiene instalación de agua frÃa y caliente, servicio doméstico y otras conveniencias que aquà no vamos a encontrar. Mejor vamos hasta esos árboles que hay a la derecha; me figuro que el camino de Crowley queda ahà detrás.
—Trotamos despacio por una trocha en la que habÃa vestigios de huellas de carreta, con la bestia pisándonos dichosa los talones.
»—¿Qué diantres vamos a hacer con la hiena? —Fue la pregunta inevitable.
»—¿Qué se hace por lo general con una hiena? —pregunté yo, irritada.
»—Jamás tuve nada que ver con una hiena —dijo Constance.
»—Bueno, pues yo tampoco. Si tan siquiera supiéramos su sexo, podrÃamos bautizarla. Tal vez podamos llamarla Esmé. Es un nombre que sirve en ambos casos.