Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro »La luz todavÃa alcanzaba para distinguir los objetos al borde del camino, y el desánimo se nos curó de golpe cuando nos topamos con un gitanito andrajoso que recogÃa moras de un zarzal. La repentina aparición de un par de amazonas y una hiena lo hizo salir gritando. De todos modos no habrÃa sido mucha la información geográfica que hubiéramos podido entresacar de aquella fuente; pero existÃa la posibilidad de encontrar más adelante un campamento de gitanos. Seguimos cabalgando esperanzadas pero sin novedad durante más o menos otra milla.
»—Me pregunto qué hacÃa el niño allà —dijo Constance al rato.
»—Estaba recogiendo moras. Nada más patente.
»—No me gustó la forma en que gritó —prosiguió Constance—. Es como si el gemido me siguiera sonando en los oÃdos.
»No reprendà a Constance por esas mórbidas fantasÃas. A decir verdad, la misma sensación de ser perseguida por un gemido pertinaz y molesto habÃa venido royéndome los nervios, ya de por sà crispados. Por el mero placer de la compañÃa llamé a Esmé, que se habÃa rezagado un poco. Con dos o tres saltos elásticos nos alcanzó, y luego echó a correr y nos dejó atrás.
»El acompañamiento de gemidos quedó explicado. El gitanito estaba firme, y me figuro que dolorosamente, apresado en sus fauces.