Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro »—En primer lugar, no puedo impedirlo —dije—; y en segundo lugar, por muchas cosas que pueda ser, dudo que ahora mismo sea voraz.
»Constance se estremeció. Y soltó otra de sus preguntas:
»—¿Crees que la pobre criatura sufrió mucho?
»—Todos los indicios apuntan a ese lado —dije—. Por otra parte, claro, a lo mejor lloraba por puro berrinche. Los niños son asà algunas veces.
»La oscuridad era casi total cuando dimos de pronto con la carretera. En ese mismo instante el destello de unas luces y el ruido de un motor nos pasaron rozando a una distancia de veras inquietante. Un segundo después fueron seguidos por un golpe seco y un aullido agudo y destemplado. El automóvil se detuvo, y cuando llegué al lugar del accidente encontré a un joven que se inclinaba sobre un oscuro bulto inerte tirado al borde de la carretera.
»—¡Usted mató a mi Esmé! —exclamé amargamente.
»—Lo siento muchÃsimo —dijo el joven—. Soy criador de perros, asà que sé lo que estará sintiendo. Haré lo que pueda por reparar el daño.
»—Entiérrelo ahora mismo, por favor —le dije—. Creo que eso es lo menos que le puedo pedir.
»—Trae la pala, William —le ordenó al conductor.